Recibimos y publicamos este articulo sobre el fenomeno del desplazamiento en Colombia
Camilo Romero, ELN, LPG, Caraacs, 30/05/2007
Colombia: Tres millones de desplazados
Este escrito no pretende ser un análisis sobre las causas y efectos del desplazamiento. Lo que pretendo es ayudar a la reflexión y ver la migración como un hecho que nos debe cuestionar absolutamente a todos, reflexionar sobre este tema que no es que haya pasado de moda, pues se trata de una responsabilidad social. De hecho, cuando pensamos en el fenómeno migratorio, constatamos que esta ha sido una realidad con la que el ser humano ha convivido desde el inicio de la historia. Lo cierto es que esa afirmación la podemos utilizar para tranquilizarnos frente a esta realidad, para justificarla o para dejarnos interpelar, preguntándonos sobre las motivaciones que llevan a miles de personas a volverse ciudadanos desterrados en búsqueda de un terruño que les pueda acoger.
Si lo vemos desde una perspectiva religiosa-histórica, en la Biblia encontramos infinidad de casos que nos iluminan sobre la migración.- Podríamos quedarnos con el Nuevo Testamento en donde la migración se vuelve bastante común y ver cómo María y José se constituyen en los desplazados por excelencia (Mt. 2, 13-15), cuando por razones de cuidar la vida, (pues en esa época el mandatario de turno (Herodes) también tenia una política de seguridad, done amparaba sus métodos terroristas para eliminar las ideologías populares). Por tal razón María y José tienen que dejar su tierra –Belén- y huir a -Egipto.- llevando al que seria el liberador del pueblo hebreo. Por otro lado, no podemos perder de vista al patriarca Abraham – el aramero errante (Dt. 26,5), que en el A.T. (Gn. 12, 1-9), lo encontramos dejando su tierra y familia, en la búsqueda de una mejor condición de vida. Sin embargo, en esa realidad no podemos olvidarnos que el forastero, según la ley judía, era tratado como uno más de la casa y no como el extraño que hay que desterrar.
Hoy en Colombia estamos en una situación similar a la de los tiempos bíblicos, actualmente el fenómeno del desplazamiento golpea más a la clase campesina de nuestro país, a los pobres, a los oprimidos; el RUT (registro de desplazados de la Conferencia Episcopal Colombiana) supero los tres millones, gran parte de esta población procede de zonas rurales, aunque tampoco se puede afirmar que la migración sea patrimonio de la población rural.
Al analizar este fenómeno en Colombia se tiende a pensar que la principal causa es el conflicto armado, y seguramente lo es; pero también no hay que subestimar que una causa de este fenómeno es la desatención y abandono en que el gobierno tiene el sector rural. Yo he vivido muchos años en zonas de conflicto y soy testigo que muchos de los que ahora están como desplazados en las ciudades no han migrado por causa de la guerra sino de la pobreza de la vida campesina, obviamente en los registros de las ONG, de la Iglesia , o del Estado no aprese este factor.
¿Qué hacer frente esta situación? Pues en los semáforos, y al borde de las autopistas ya no es llamativo ni escandaloso ver familias enteras con niños de brazos mostrando carteles en los que identifican su realidad “somos desplazados por la violencia”. Aún cuando el motivo no sea precisamente este, pues la desesperanza, la frustración, la marginación social, la falta de oportunidades, el hambre, hasta la misma propensión a los fenómenos naturales se ha constituido en una de las causas que ha motivado en los últimos años a que algunas familias se vean impulsadas a irse a las ciudades dejando su terruño.
Las tareas que nos plantea el análisis del desplazamiento son infinitas.- Ellas pasan inclusive, por voltear la mirada hacia un importante sector de la sociedad: la juventud, que se constituye en el principal blanco de estilos de vida urbana. - También pasa por un proceso de concienciar a quiénes toman las decisiones e implementan políticas, que en lugar de firmar tratados que solo arruinaran el sector agrícola, pensemos en nuestros campesinos, en nuestros indignas, en los colombianos que votan pero no tienen voz. Quizá vale la pena preguntarse cuál ha sido o es nuestra actitud frente a este problema. No nos debería de extrañar si ya hemos aprendido a concebirlo como algo normal. El desafío entonces consistirá en ver qué y cómo podemos hacer para que las personas desplazadas gocen de los beneficios del ciudadano de aquí y de allá, de los derechos de cualquier colombiano, de cualquier humano, pues a veces ni siquiera como humanos son tratados, y lo peor es, que mientras el poder siga estando en el régimen – el estamento (como lo llamaba Álvaro Gómez), el pueblo colombiano, los sin vos, que somos el 95 % de los colombianos, ósea los pobres, seguiremos acostumbrando a nuestra juventud y niñez a convivir con este fenómeno que cada día se acrecienta y frente al cual no hacemos nada.
Camilo Romero, ELN, elndecolombia@yahoo.fr